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El corredor escultórico de la Buenos Aires

Por Brenda Ramos

La colonia Buenos Aires se ubica en la delegación Cuauhtémoc del Distrito Federal y es famosa por su alto índice de delincuencia, especialmente por el robo de autopartes para su comercialización ilegal. Lo anterior no parece importarle a Don Quijote y su fiel compañero Sancho Panza, sátiras caballerescas en busca de su próxima empresa; tampoco les inmuta a los tres flamingos que se erigen altivos ante el paso del tráfico, ni al ave sin plumas o al niño metálico que los observan posados sobre el poste. El andador Dr. Vértiz alberga a todas estas criaturas en un jardín de fantasía mecánica, criaturas “vivas” que ya son parte de la Buenos Aires.

Yvonne Domenge, escultora mexicana, está perfectamente enterada de la situación del barrio y por esta razón emprendió un proyecto a mediados del año 2000 para “dignificar” la vida de los habitantes de este lugar. Respaldada por el Museo de la Ciudad de México y con dos apoyos económicos del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2000 y 2001), Domenge ha instalado alrededor de quince obras escultóricas que fueron creadas por los lugareños en los talleres mecánicos de la zona. Las piezas están hechas con resortes, rines, engranes, llantas e infinidad de elementos de la basura automotriz que se suman a los costos de pintura, soldadura y engranaje que fueron cubiertos con las becas.

Cabe resaltar que las obras fueron creadas exclusivamente por los habitantes de la colonia, ya que la artista afirma que ella sólo los ha asistido durante el proceso de creación, hizo correcciones técnicas en el diseño para que la estructura fuera factible de armarse y apoyó a las personas involucradas. Otros artistas inspirados en la labor social de Yvonne decidieron contribuir de diversas formas: Betsabé Romero modificó cinco coches estacionados, en las cortinas de algunos negocios se reprodujeron dibujos de tiras cómicas y Emma Villanueva posó desnuda para una clase de dibujo en la comunidad.

El corredor escultórico es un intento por acercar la “alta cultura” a personas de clase humilde que enfrentan una difícil situación económica y social. El esnobismo y la burbuja elitista en la que se han encerrado las manifestaciones del arte en la actualidad fueron despachados por Domenge, quien considera que estas piezas son hechas por y para la gente, por lo que ellos tienen el derecho de apreciarlas como les venga en gana: jalándolas, arrancando algunas de sus partes, cambiando las cosas de lugar y hasta montándose sobre ellas. Yvonne considera que estas “intervenciones” no son vandalismo, sino la forma en que las personas se comunican con la obra. Para ella, es así como la comunidad responde diciendo: “son nuestras”.

Son proyectos como éste los que hacen falta en los barrios bajos de nuestras grandes ciudades, aquellos que no teman embellecer los rincones donde la gente sólo ve horror y miseria. Lastimosamente, la información actual sobre la intervención es escasa, y es dificultoso encontrar fotografías por la red. Es necesario que los medios y la comunidad artística divulguen acciones como ésta, de modo que inspiren a más artistas a comprometerse con la dignidad humana, a realizar obras concienzudas que respeten la cultura, la estética particular y el modus vivendi de las comunidades.

El proyecto inició con una intencionalidad de durar 5 meses y en la página de Internet de la artista se indica que se extendió hasta por tres años. No sé si aún se sigan esculpiendo piezas, y comprendo que hay cierto riesgo si decido emprender la búsqueda del legado artístico de la colonia Buenos Aires para apreciarlo con mis propios ojos. Sin embargo, es motivo de admiración que proyectos como éste se realicen en nuestro país, que se abran las ventanas del arte para todos. Y no sé, ojalá un día de estos me atreva a ir y dar una vuelta.

www.domenge.com




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