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Tu sala está mugrosita
Hay distinguidos personajes que pueblan la ciudad de Guadalajara —o cualquier ciudad del mundo— para placer visual e inconveniencia del olfato de los transeúntes. Ahogados en bolsas y ropajes desgarrados, los vagabundos suelen adquirir hábitos nómadas y aclimatan alguna confortable esquina de la calle, o la cochera de algún negocio, para dormir o simplemente descansar en compañía de sus equipajes abultados. Por esas escenas gratuitas que nos da la urbe, así como la selva revela la sigilosa majestuosidad nocturna de un jaguar o los picos incandescentes del tucán, la artista mexicana Liliana Ovalle se inspiró para crear su serie “Mugroso”.
“Basada en una investigación fotográfica donde exploré el centro histórico del D.F., que muestra escenarios de improvisación y pobreza, en los que la gente encuentra la manera de poner sus cosas y tiliches juntes para crear objetos cotidianos de uso diario. Los objetos crecen en composiciones absurdas y al azar, sin tener en cuenta aspectos de planeación o de seguridad. Los resultados son hermosos collages de brillantes colores plásticos y pedazos sucios de diferentes materiales (…) una abstracción de mugre, desorden e improvisación”.
Su última aportación a la serie es la silla “Mugrosita”, compuesta de un marco de metal con los bordes pintados de un bonito color verde menta, y con un montón de telas y almohadas que simulan las preciadas pertenencias de los vagabundos. La obra fue presentada a principios de diciembre en el foro Design Miami, algo así como la copia del Art Basel Miami pero enfocada al diseño. Es como si a los vagabundos les pimpearan —enchularan, dice MTV— los carritos del supermercado y toda la basura que han hecho suya.
http://www.lilianaovalle.com/
Van Gogh, el chantajista
Si lo único que sabes de Vincent Van Gogh es que es un pintor y que se mochó la oreja, no estás lejos del denominador común. Si lo único que piensas cuando te dicen la oreja de Van Gogh es en esa agrupación musical española, eres un asco de persona.
Vincent Van Gogh fue un pintor holandés, pelirrojo y “mochaorejas”. Aunque sólo se automutiló la suya, el misterio de 1888 aún no ha sido del todo esclarecido por los sesudos historiadores del arte.
Recientes hallazgos confirman que pudo haber sido una obra de chantaje. Un estudioso del tema encontró una carta escondida en una de las pinturas de Van Gogh —sí, hasta ahorita la encontraron—, escrita por su hermano Theo, quien le contaba que estaba enamorado y comprometido con Johanna.
Vincent recibió la carta el mismo día que se cortó la oreja, por lo que la pista apunta a que es probable que lo hiciera ante el temor de perder el soporte financiero y emocional de su hermano.
Por eso, Theo tuvo que ir a visitarlo al hospital, y después escribió otra carta, esta vez dirigida a Johanna: “Cuando le hablé sobre ti, él inmediatamente supo a que me refería, y cuando le pregunté si aprobaba mis planes, me dijo que sí, pero que ‘el matrimonio no debe ser considerado como el objetivo principal en la vida’”.
Así, el ardilla y vulnerable Vincent, quien veía en su hermano su único apoyo y amigo, temió por un momento quedarse completamente solo. Tiempo después pintó “Naturaleza muerta con plato de cebollas”, una impresión cenital de una típica mesa de noche: con una vela, una pipa, una tetera, una botella de vino, un libro, fósforos, un plato de cebollas, y un misterioso sobre recargado en la esquina inferior. |